Entras en una empresa, o te toca llevar una que ya existía, y descubres que la web la hizo alguien que ya no está. Nadie sabe dónde está el hosting, el dominio caduca en unas semanas y hay un plugin que no se actualiza desde hace tres años. La pregunta es si eso se arregla o se rehace, y la respuesta no se improvisa: se saca de unos pocos datos que casi nadie reúne antes de decidir. Este artículo te da el orden para hacerlo, y sirve aunque acabes no contratándonos a nosotros.
Antes de decidir nada: el inventario
Lo primero no es mirar el diseño ni pedir presupuestos, es saber qué tienes. Casi nadie lo hace, y por eso casi todos acaban tomando la decisión a ciegas. Un inventario son unas pocas horas de averiguar y apuntar, y condiciona todo lo demás.
Estas son las preguntas que tienes que poder contestar:
- ¿Quién figura como titular del dominio? Si es el antiguo proveedor, un empleado que se fue o un tercero, tienes un problema legal antes que técnico. Con un dominio
.adel registro depende del registro andorrano (domini.ad) y de sus registradores acreditados; con otras extensiones, del registrador que toque. Mira el correo de renovaciones: ahí suele aparecer. - ¿Dónde está el hosting? Busca facturas, cargos en la tarjeta o en el banco, y correos de bienvenida. Una web puede estar en un servidor del proveedor, en un hosting compartido o en un servicio en la nube.
- ¿Quién tiene los accesos? Panel del hosting, panel de la web, FTP, base de datos, correo asociado al dominio, cuentas de Google Analytics y Search Console.
- ¿Hay copias de seguridad? Y, sobre todo, ¿alguien ha comprobado alguna vez que se pueden restaurar? Una copia que nunca se ha probado es una esperanza.
- ¿En qué está construida? WordPress, otro gestor, código a medida, un constructor visual. Y en qué versión, con qué plugins y con qué versión de PHP.
- ¿Qué más cuelga de esa web? Correo corporativo, formularios, integraciones con un CRM o una pasarela de pago, tracking de publicidad.
Si no consigues contestar la mitad, no pasa nada: ese vacío ya es un dato. Te dice cuánto riesgo estás asumiendo.
Primero lo urgente: el dominio
Si el dominio caduca pronto, esto va antes que cualquier otra cosa. Un dominio que caduca puede ser recomprado por otra persona, y con él se van el correo, el posicionamiento y la imagen de la empresa. Es el activo más barato de mantener y el más caro de perder.
Averigua quién es el titular y quién recibe los avisos de renovación. Renueva por varios años si puedes, y asegúrate de que el titular es tu empresa, no una persona concreta ni el proveedor. Si el dominio está a nombre de quien hizo la web y no responde, la recuperación puede llevar tiempo, así que empieza hoy.
Señales de que se arregla
Una web heredada merece arreglo cuando lo que falla es el cuidado, no los cimientos. Mucha gente tira webs que solo necesitaban actualizaciones y un poco de orden. Se arregla cuando se cumplen la mayoría de estas señales:
- La estructura es razonable. Páginas ordenadas, URLs legibles, un menú que tiene sentido y un diseño que no se rompe en el móvil.
- El contenido ya posiciona. Si en Search Console ves páginas que traen visitas, consultas reales y clientes que llegan por ahí, eso es un activo que costó años construir.
- La tecnología está mantenida. Un WordPress o un framework con versiones actuales y soporte activo, aunque tu instalación vaya por detrás.
- Solo falta cuidado. Actualizaciones pendientes, plugins abandonados que tienen sustituto, una limpieza de lo que sobra y copias automáticas.
- Alguien puede entrar. Tienes acceso al panel y al hosting, y los cambios pequeños no rompen nada.
Si cumples la mayoría, lo normal es una puesta al día controlada: actualizar en un entorno de pruebas, sustituir el plugin problemático, montar copias y dejarlo con un mantenimiento regular. Es más barato y más seguro que rehacerlo.
Antes de tocar nada, haz una copia completa de archivos y base de datos y guárdala fuera del hosting. Aunque la web esté en mal estado, esa copia es tu red de seguridad: si una actualización la rompe, vuelves atrás en minutos en lugar de descubrir que no tenías nada.
Señales de que se tira
Hay webs que no compensa arreglar, y conviene reconocerlas pronto para no gastar dinero en un callejón sin salida. Son estas:
- Tecnología sin soporte. Una versión de PHP o de un gestor que ya no recibe parches de seguridad, o un constructor que dejó de existir. Mantenerla es poner parches sobre un suelo que no existe.
- Sin copias y sin forma de crearlas. Si nadie puede sacar los archivos y la base de datos, no puedes trabajar con seguridad.
- Nadie puede entrar al servidor. Sin acceso al hosting no hay arreglo posible, solo reconstrucción.
- Cada cambio rompe algo. Si tocar un texto descuadra otra página, el código está enredado y cada arreglo cuesta más que el anterior.
- Está comprometida. Redirecciones raras, spam en los resultados de Google o avisos de seguridad del navegador. Antes de nada hay que limpiarla, y a veces limpiarla cuesta más que rehacerla.
- Ya no responde a lo que el negocio necesita. Si la empresa ha cambiado y la web no encaja, arreglarla es perfeccionar algo que no sirve.
Una sola de estas señales no condena la web, pero dos o tres juntas apuntan a rehacerla. Si tienes dudas sobre qué toca, esto es lo que conviene preguntar antes de contratar a cualquier proveedor.
Rehacer sin plan destruye el SEO
El error más caro al rehacer una web es tratar el posicionamiento como algo que vuelve solo. No vuelve. Una web nueva con otras URLs, sin redirecciones, es para Google una web desconocida, y las visitas que traías pueden desaparecer en semanas.
Antes de empezar, saca la lista de lo que ya funciona: qué páginas traen visitas, con qué consultas, qué enlaces externos reciben. Y conserva sí o sí:
- Las URLs que posicionan, o, si cambian, una redirección 301 de cada una a su equivalente.
- El contenido que ya trae visitas, adaptado pero no borrado.
- Los títulos y descripciones de las páginas que funcionan, como punto de partida.
- Los enlaces externos que apuntan a la web, que son difíciles de recuperar.
- El dominio, el mismo de siempre.
Una migración bien hecha mantiene o mejora el posicionamiento. Una hecha a ciegas lo pierde. Si quieres entender cómo se trabaja esto, lo explicamos en nuestra página de posicionamiento web, y lo del rediseño en diseño web.
El coste oculto de no decidir
No decidir también cuesta, y se paga a plazos. Es el patrón más habitual en webs heredadas: cada mes aparece un parche, una urgencia o un arreglo suelto, y nadie suma el total.
Pagas parches sueltos sin un plan, pagas cada vez más por tocar algo cada vez más frágil, y pagas lo que no se ve: oportunidades perdidas, una web que da mala imagen y un riesgo de seguridad abierto. Un ejemplo ilustrativo, no una cifra real: si en un año pagas cinco intervenciones urgentes y ninguna deja la web mejor que antes, probablemente ya habrías pagado una puesta al día ordenada. La pregunta útil no es cuánto cuesta arreglarlo, sino cuánto llevas gastado sin arreglar nada.
Qué pedir a quien se haga cargo
Seas tú quien contrates a un proveedor o lo resuelvas internamente, estas son las condiciones que protegen a tu empresa. Pídelas por escrito antes de empezar:
- Dominio a nombre de tu empresa, con tus datos como titular.
- Hosting a nombre de tu empresa, o con acceso de administrador para ti, aunque lo gestione el proveedor.
- Todos los accesos documentados y entregados: panel, base de datos, correo, analítica.
- Copias de seguridad automáticas y una restauración probada, no solo prometida.
- Un informe del estado inicial: qué hay, qué riesgos tiene y qué se recomienda, arreglar o rehacer, con el porqué.
- Propiedad del código y del contenido claras, para poder cambiar de proveedor sin permiso de nadie.
- Un plan de redirecciones si se rehace.
- Qué incluye el mantenimiento y cuánto tarda en responder.
Si un proveedor se resiste a que el dominio y el hosting estén a tu nombre, esa es la respuesta más clara que vas a recibir. Vuelves exactamente a la situación de la que partes hoy.
Y ahora, qué
Empieza por el inventario esta semana y por el dominio hoy. Con esos datos, la decisión entre arreglar o rehacer deja de ser una apuesta. Si quieres que le echemos un vistazo, te hacemos ese diagnóstico sin compromiso y te decimos con franqueza si se arregla o se tira, también si la respuesta es que no nos necesitas. Escríbenos desde la página de contacto.
