La obligación existe y está escrita dos veces
Mucha empresa andorrana factura en español porque siempre lo ha hecho, porque el software vino así de fábrica o porque el cliente es de Barcelona. Y funciona, hasta que alguien pregunta dónde dice que eso sea legal.
La respuesta está en la Llei 6/2024, del 25 de abril, de la llengua pròpia i oficial, en su artículo 23.4. Pero lo interesante es que no hace falta interpretar esa ley para saber que aplica a las facturas, porque hay una segunda norma que lo dice con todas las letras. El Reglament que regula les obligacions de facturació, aprobado por el Decret 296/2024, establece en su articulado lo siguiente:
"D'acord amb l'article 23.4 de la Llei 6/2024, del 25 d'abril, de la llengua pròpia i oficial, les factures s'han d'expedir en llengua catalana, sempre que els empresaris o professionals estiguin establerts a Andorra."
Es decir: las facturas se han de expedir en lengua catalana siempre que el empresario o profesional esté establecido en Andorra. No es una recomendación de política lingüística, es el reglamento fiscal de facturación remitiéndose a la ley de la lengua.
La Llei 6/2024 se publicó en el BOPA de mayo de 2024 y está plenamente en vigor desde entonces. No queda período transitorio que esperar.
A quién aplica exactamente
El criterio del reglamento es el establecimiento, no el tamaño ni el sector. Si tu empresa o tu actividad como profesional está establecida en Andorra, la obligación es tuya. No hay umbral de facturación ni exención para autónomos o microempresas.
La ley va más allá de la factura. Su artículo 23.4 se refiere a la documentación típica de la contratación comercial, que incluye pedidos, facturas, presupuestos, albaranes y proyectos. Si estás revisando plantillas, revísalas todas, no solo la de factura.
Conviene separar dos cosas que se confunden. Una es la lengua en la que atiendes al cliente, que puede ser la que os entendáis. Otra es la lengua del documento que emites, que es donde la norma se pronuncia.
Catalán obligatorio no significa catalán exclusivo
La obligación es que la factura se expida en catalán. Nada en esa formulación impide que acompañes el documento con una versión en español, francés o inglés para un cliente extranjero que la necesite para su contabilidad.
Lo que no funciona es lo contrario: emitir solo en español porque el cliente es español. La lengua del emisor establecido en Andorra es la que determina la obligación, no la del destinatario.
Si tu caso es dudoso, por ejemplo porque facturas desde una sucursal o porque el grupo emite desde fuera, contrástalo con el departamento de Política Lingüística antes de rediseñar nada. Es una consulta de diez minutos que te ahorra rehacer plantillas dos veces.
Si además facturas al sector público andorrano, esto se combina con la factura electrónica obligatoria. No son dos proyectos separados: el documento estructurado que envías al Portal lleva los mismos literales que tu plantilla en papel. Arréglalo una vez, en el origen, y sirve para las dos obligaciones.
Qué pasa si no la cumples
La Llei 6/2024 incorpora un régimen sancionador propio, en su título VII. Lo confirma de forma indirecta el Reglament d'ús de la llengua pròpia i oficial a l'Administració general, aprobado en 2025, que remite los incumplimientos a ese mismo título.
Según el articulado sancionador de la ley, las infracciones se clasifican en leves, graves y muy graves, con multas que las fuentes andorranas que han analizado el texto sitúan en tres tramos: 600 a 1.200 euros las leves, 1.201 a 6.000 euros las graves y 6.001 a 60.000 euros las muy graves. A la multa se añade la obligación de corregir, retirar o sustituir el documento o el rótulo a costa del infractor.
Dicho esto con honestidad: los importes exactos conviene confirmarlos en el texto oficial antes de usarlos como argumento en un comité de dirección. Lo que no admite duda, porque está en el reglamento de facturación, es la obligación en sí.
En la práctica, el riesgo inmediato para la mayoría de empresas no es la multa. Es que un cliente institucional te devuelva la factura, o que en una inspección aparezca como incumplimiento acumulado sobre miles de documentos emitidos.
Traducir la plantilla no es suficiente
Aquí es donde la mayoría de proyectos se quedan cortos, y es la parte que nos toca a nosotros. Cambiar los literales de la plantilla es la parte fácil: cabeceras, "Factura", "Base imposable", "Total", condiciones de pago, pie legal. Eso se hace en una tarde.
El problema son los conceptos de línea. La descripción que aparece en cada línea de factura no está en la plantilla, sale del catálogo de productos o servicios de tu sistema. Si tienes 400 artículos con el nombre en español, tu factura sigue estando mayoritariamente en español aunque la cabecera esté impecable en catalán.
Lo mismo pasa con:
- Las formas de pago y los métodos de envío, que suelen ser tablas maestras con un solo campo de descripción
- Los tipos de IGI y sus etiquetas, si tu sistema imprime un literal en vez del porcentaje
- Las condiciones y notas al pie, que muchas veces están escritas a mano en cada plantilla y no en un solo sitio
- Los correos de envío de la factura, que son documentación comercial igual que la factura que adjuntan
Cómo se resuelve bien en el software
La solución que aguanta es tratar la lengua como un atributo del dato, no como un ajuste de impresión. En la práctica significa que cada entidad que acaba impresa en un documento comercial tenga su campo por idioma, y que la plantilla elija según el idioma del documento.
Eso permite además algo que gusta comercialmente: emitir en catalán por obligación y adjuntar una versión en francés para el cliente de Toulouse, generadas ambas desde el mismo registro y sin duplicar datos. Es exactamente el mismo patrón multiidioma que aplicamos en las aplicaciones web y en los CRM y ERP a medida que desarrollamos aquí.
Si tu facturación la lleva una gestoría, la conversación que hay que tener es quién es el responsable de los literales del catálogo. Normalmente la gestoría emite con los datos que tú le das, así que el catálogo en catalán es deberes tuyos.
Antes de traducir nada, exporta tu catálogo y cuenta cuántas descripciones distintas acaban en una factura de verdad. Casi siempre el 80% de las líneas emitidas viene de menos de 50 artículos. Traduce esos primero, ponlos en producción, y deja la cola larga para después. Es la diferencia entre cumplir este mes o dentro de un año.
Un cambio pequeño con efecto acumulado
La obligación es clara, aplica desde 2024 y no depende de tu tamaño. La buena noticia es que arreglarla bien deja el sistema preparado para lo siguiente, porque la misma estructura multiidioma que necesitas para el catalán es la que te permite operar en tres lenguas sin duplicar mantenimiento.
Si tienes cuatrocientos artículos en catálogo y sus descripciones salen en español en cada factura, no tienes un problema de plantilla: tienes un problema de datos, y traducirlo a mano una vez no lo arregla, porque el siguiente artículo que des de alta volverá a nacer en español. Se resuelve en el origen, con el catálogo multiidioma. Es parte de lo que hacemos en facturación electrónica y en los CRM y ERP a medida. Escríbenos y lo revisamos con tu catálogo delante.